Perfume con aroma a … Por Jorge Daniel Acuña

Hace un tiempo compré unas tapas para empanadas en la casa de pastas frente a la Plaza del Tango. Al cruzar hacia mi auto, vi a una señora paseando con una nena parapléjica en una silla de ruedas, de esas especiales. La chica estaba sentada, pero hacía movimientos bruscos, a destiempo, descontrolados, tenía la mirada perdida, la boca babeante. Al mismo tiempo, noté que un muchacho de unos 40 años se les acercaba. La mamá lo miró con desconfianza. De pronto,ella se detuvo.

– Debe de ser muy complicada esta vida, ¿verdad?-él le preguntó.

-Sí, me cuesta mucho, es muy desgastante.

-Perdón, preguntaba por la vida de ella- siguió el tipo.

-Ella no siente nada, ni piensa, creo. Hace 12 años que es un vegetal- aseguró la señora.

El miró a la nena y ella le sonrió, cosa que a la madre le extrañó.

-¿Quedarías para que tu hija se cure?

-No sé… todo- respondió ella.

-¿Trabajarías para los demás?¿Para poder cambiar este mundo?

-Sí,¡dígame qué puedo hacer!

-Lo que te surja, lo que puedas hacer para ayudar a otros.

La madre lo volvió a mirar como pensando “¿de qué me habla este hombre?”

-Usted dice que ella es un vegetal, que no piensa, que no siente. Yo le voy a demostrar que no es así- le dijo él mientras se arrodillaba delante de la nena, que lo seguía mirando con una sonrisa.

Yo estaba viendo la situación, sentado en el auto. Él hombre deslizó los dedos en forma de cruz sobre la frente. Enseguida, noté cómo se relajaban los músculos de los brazos y de las piernas. La chiquita estiró los brazos hacia su madre, que miraba fascinada .Ella se acercó a la pequeña, que la abrazó por el cuello.

-Ma-má te quie-ro- le dijo, y la señora se largó a llorar de una forma desgarradora.El marido vio desde lejos la escena y corrió hacia ellas. No entendía qué estaba pasando. ¿Cómo? ¿La nena abrazaba? En ese momento, la nena giró y lo abraza de la misma manera.

-Pa-pá te quie- ro.- El padre lloraba como un bebé.

-Gracias, mil gracias.- seguían repitiendo los padres, llorando y abrazando a su nena

-Eso es lo que siente su hija. Solo que no podía expresarlo. Desde ahora el trabajo de rehabilitación va a ser arduo, pero van a ver la recompensa rápidamente.- les dijo el muchacho antes de irse.

Salí del coche y lo seguí hasta la esquina. Él se dio vuelta y yo solo atiné a darle la mano. Estuve un largo rato sentado en el auto. Cuando finalmente fui a casa, agarré toda la ropa que no usábamos y la metí en el lavarropas. Cuando se secó todo, me pasé la noche planchando.A la mañana, conseguí unas cajas para acomodar todo y me ubiqué en 41 y 5,en la esquina dela escuela.Saqué las cajas y un cartel que decía “REGALO”. Muchos se acercaron y se llevaron cositas. Una nena tomó una mochilita rosa, estaba con su hermana.

-Elegí algo- le dije.

-Gracias, no necesito nada- respondió. La miré fijo y vi mucha tristeza en su cara.

-¿No vas al colegio?- pregunté.

-No, no puedo. Estoy enferma.

-¿Que tenés?- seguí preguntando.

-Tengo leucemia.-mientras se saca el pañuelo y descubre su cabeza totalmente calva.

-Ya te vas a curar y vas llegar a ser lo que quieras-le dije en forma de consuelo.

-Solo deseo llegar a ser adolescente-respondió.

Me partió el alma.No sabía qué decir.

-Y si te curaras,¿qué te gustaría ser?-

-Me gustaría ser pintora.

Me arrodillé ante ella, tomé su cara y dibujé una cruz sobre su frente. En ese momento, sentimos una leve brisa.

-Mmm ¡Qué lindo perfume!- dijo mientras se iba.

Yo seguí llevando ropa, útiles, remedios, y todo lo que podía para ayudar a los demás. Pasaron unos meses. Ayer fui al viejo hospital de Santa Teresita. Hacía mucho frío. Se hacía larga la espera para conseguir un turno. Serían las 6 de la mañana cuando veo entrar a una nena con guardapolvo blanco. Iba sirviendo vasitos de café y entregándolos gratis a la gente,junto con un cartoncito, bajo la atenta mirada de su madre. Al acercarse más, la reconocí. Era la nena que estaba enferma de leucemia. Ya no usaba el pañuelo y se notaba que empezaba a crecerle de a poco el cabello. Se acercó a mí, me miro y sonrió.

–Hola. ¿Volviste al cole?- le pregunté.

-Si, el médico me dijo que estaba mejorando sorpresivamente. Y que sí sería pintora.

Noté que durante unos minutos escribía algo detrás de una hoja. Me hizo un dibujito: una caja con ropa.Di vuelta el dibujo y decía:

-¿Te acordás la brisa que pasó cuando me tocaste la frente? Tenía perfume con aroma a Dios.

RELATOS COSTEROS

JORGE DANIEL ACUÑA

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