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La lección de Vittorio

La periodista Nora Lafon junto al gran Vittorio, en 1992. (Álbum personal).

La periodista Nora Lafon junto al gran Vittorio, en 1992. (Álbum personal).

Cuando era una adolescente y por primera vez vi en cine “Arroz amargo“ (película de 1949, dirigida por Giuseppe de Santis y protagonizada por Silvana Mangano y Vittorio Gassman), pensé que las actrices italianas eran todas hermosas; pero como el personaje de Gassman era tan desagradable ni siquiera lo vi ni tan buen actor ni tan hermoso…

Pasado el tiempo me reconcilié con él cuando lo reencontré como Paul Bronte, el violinista que enamora a Elizabeth Taylor en ”Rapsodia” (1954, de Charles Vidor), pero todavía mucho más como Anatole Kuragin en “La guerra y la paz” (1956, de King Vidor), ambas filmadas en su etapa Hollywood. Nunca hubiera imaginado que alguna vez tendría la oportunidad de verlo en escena y, mucho menos, que llegaría a mantener una larga charla con el.

"Il gaucho" que aquí se llamó "Un italiano en la Argentina" (1965)

“Il gaucho” que aquí se llamó “Un italiano en la Argentina” (1965)

Sin duda entre ambos épocas, pasaron otras cosas… A Vittorio comencé a revalorarlo cuando me enteré de que todo lo que ganaba en cine y televisión lo dedicaba a su Teatro Popular Italiano, la compañía con la que recorría su país representando los clásicos para que los más humildes pudieran conocer a los grandes creadores.

Poco después se fueron a estrenando sus grandes films italianos. Toda la serie bajo la dirección de Mario Monicelli sobre todo “Los desconocidos de siempre” (1958), donde interpretaba al torpe Peppe il Pantera, y “La Armada Brancaleone” (1960), en la que era el Brancaleone da Norcia. 

Más tarde, con Ettore Scola, filmó las espléndidas “La familia” (1987) y “La cena” (1998), donde hacia un gran Carlo, y unos años antes el Gianni Perego de “Nos habíamos amado tanto” (1974). Y con el genial Dino Risi hizo dos joyas como “Los monstruos” (1963) y esa magnífica e incomparable “Perfume de mujer” (1974), donde nos conmovía con el capitan Fausto Consolo.

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“Perfume de mujer” (1974)

Un grande sobre las tablas

Años después tuve el honor de apreciarlo en un teatro. Como era muy chica me había perdido verlo en el Odeón, cuando en 1951 personificó  al “Orestes”, de Vittorio Alfieri, o al Kowalski de “Un tranvía llamado deseo”, unas de las obras cumbre de Tennessee Williams. Entonces, Gassman integraba la compañía de Diana Torrieri.

En 1963 volvió con su propia compañía: el Teatro  Popular Italiano, para presentar en el Ópera “Il gioco degli eroi”, una antología sobre el heroísmo que hasta incluía fragmentos de “Los persas“, de Esquilo. En el 64 vino a filmar “Un italiano en Argentina”, nuevamente dirigido por Dino Risi y aprovechó para presentar su unipersonal “Ii teatro fa male”, que incluía un texto de Franz Kafka, uno de Luigi Pirandello y un tercero de Luciano Codignola.

Gassman retornó a nuestro país en 1984 para presentar el mismo espectáculo y en 1985 estrenó “Solitudine”, una mezcla de textos poéticos, teatrales y musicales de Prevert, Dostoievsky, Neruda, Brecht, Alberti, Melville  entre otros.

Antes de la cena de despedida, tras la última función de "Ulises y la ballena blanca", obra basada en "Moby Dick", de Herman Melville. (Álbum personal).

Antes de la cena de despedida, tras la última función de “Ulises y la ballena blanca”, obra basada en “Moby Dick”, de Herman Melville. (Álbum personal).

Su primera despedida de Buenos Aires fue en 1992 con “Ulises y la ballena blanca”, obra basada en la novela “Movy Dick“, de  Herman Melville, que presentó en el teatro Coliseo. A partir de mi habitual relación con el teatro me tocó estar muy cerca. Pude así enterarme por los técnicos que la noche previa al estreno, después del  ensayo final, Vittorio estuvo un largo tiempo acostado sobre el escenario, como tratando de absorber los pasos de todos los que lo habían transitado.

Comprobé que era una persona tremendamente gentil, y una tarde cuando estábamos esperando que llegaran unos periodistas para entrevistarlo mantuvimos una larga y hermosa charla. Lo primero que le pregunté fue por qué parecía tan arrogante en sus primeras películas. ”Porque en ese entonces era asi…  como si me llevara el mundo por delante”, me respondió. Durante esa charla descubrí la razón por la cual nos visitaba con tanta frecuencia: “Buenos Aires es el único lugar en el mundo donde me siento como en casa. Es como si estuviera en Roma o en Milan. No tengo que cambiar nada de mi vida. Todo es parte de la normalidad. Con la ciudad y con la gente. Me siento cómodo y feliz”.

Un recuerdo para Nora, de puño y letra. (Álbum personal).

Un recuerdo para Nora, de puño y letra. (Álbum personal).

Antes de que finalizara aquella breve temporada -en la conocí a su hijo Alessandro, que integraba la compañía, lo mismo que Cipe Lincowsky, como actriz invitada-, le consulté dónde quería celebrar el éxito de las funciones  y pidió cenar en “Fechoria”, que en ese tiempo todavía estaba en la avenida Córdoba, junto al Sanatorio Güemes.

Hacia allí fuimos y les cuento que lo que pasó fue muy interesante. Como habitualmente la Fundación Cultural Coliseum producía los espectáculos italianos y pese a que éste no era no era el caso, como se trataba de Gassman, asistió Antonio “Tonino” Macri, secretario de la Fundación, quien a su vez invitó a su hermano Franco. Además, participaron de la cena el director del teatro, Dino  Rawa Jasinski, y otros integrantes del Coliseo.

El primer problema para ciertos invitados fue que para ordenar la comida no sólo debíamos -como corresponde- estar todos sentados, sino que debíamos aguardar la llegada del homenajeado. Esto ocasionó la primera mala cara de Franco Macri. Pero la situación empeoraría…

Vittorio, al llegar advirtió que no ordenaría hasta tanto no llegara su asistente, la señora que desde hacía veinte años era la encargada de ayudarlo con el vestuario pero también de levantar el camarín después de la última función. Fue  asi que la comida se demoró aún más, aguardándola. Y mientras que muchos aprovechamos para disfrutar la inteligente y brillante charla con  Gassman, otros no pudieron ocultar su disgusto. Fue una verdadera lección de un hombre fiel a su ética y a sus ideas  políticas.

“Buenos Aires es el único lugar en el mundo donde me siento como en casa. Es como si estuviera en Roma o   en   Milan”

De la misma manera al día siguiente antes de partir, le pidió a una de las secretarias de la dirección del Coliseo que lo acompañara a comprar algunos recuerdos. No mandó a compra los regalos, lo que hubiera sido mas cómodo. ni eligió el mismo para todos. Él no era así… Seleccionó con mucho cuidado lo que quería para cada uno de los que habían trabajado para la obra. Con la misma generosidad y respeto con que vivió su vida y la de los cientos de personajes que interpretó.

Era todo un hombre, un militante político que siempre vivió con pasión en función de lo que pensaba y lo que sentía. Tan admirable como persona como en toda su carrera de enorme actor de teatro y de cine. Decididamente un ser irrepetible.

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