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El príncipe valiente del ballet, entre piruetas en adagio, volanteadas y ollas populares

Foto: Pablo Añeli.

Foto: Pablo Añeli.

Federico Fernández es el primer bailarín del Teatro Colón, un especialista en equilibrios lentos y controlados a quien los críticos de ballet describieron desde el inicio de su carrera como un “danseur noble”, el arquetipo del príncipe que protagoniza clásicos como el Lago de los Cisnes o Giselle, y esa definición, que en un diario retomaron para presentarlo como “el príncipe valiente”, lo acompaña en su reciente rol de candidato a legislador porteño por el Frente de Todos.

Aquel rótulo periodístico aludía entre otras cosas a sus reiterados pronunciamientos por los derechos de los trabajadores de teatros públicos, entre ellos el Colón, bandera que el propio Fernández mencionó como una de las prioridades al compartir su visión sobre las políticas culturales necesarias en CABA.

“La cultura también es un laburo y una industria”, subrayó al referirse a ese punto.

Fernández, de 35 años, aceptó ser candidato en la lista del FdT tras una propuesta de la economista Delfina Rossi, referente de la agrupación Buenos Aires 3D (por Desarrollo, Diversidad y Democracia), organización de la que participa como vecino de la comuna 1 (vive en el barrio de San Nicolás, frente a la pizzería El Cuartito, aunque deba privarse de empanadas y pizzas), y su interés por la política comenzó “desde chico”, al escuchar conversaciones familiares.

Su madre, la pianista Diana Kraitzman, que murió hace seis años, lo incentivó a aprender danza cuando lo veía bailar cualquier música que sonara en la casa, y cuando era una adolescente estuvo en pareja con un militante montonero de la UES que fue secuestrado y desaparecido en septiembre de 1979: se llamaba Daniel Crosta, tenía 19 años y con Diana ya habían tenido un hijo, que es el hermano mayor del bailarín y flamante candidato.

Al responder sobre el Colón, su lugar de ensayo y trabajo de todos los días, Fernández contó que “en los últimos diez años sintió como un dilema existencial” por integrar los cuerpos estables de un teatro “que no dejó nunca de ser un público” pero que al mismo tiempo “funciona más como un espacio privado y excluyente”, según denunció el primer bailarín que, a pesar de todo, definió a la sala lírica valorada a nivel mundial como la “pasión” de su vida.

Foto: Pablo Añeli.

Foto: Pablo Añeli.

“Me he llegado a preguntar si yo no estaba equivocado en el lugar en el que estoy, por lo que elegí hacer, pero es mi pasión, lo que sentía”, transmitió en esta entrevista con Télam.

“Algunas veces sentí que éramos los bufones de un sector de la ciudad, de nuestra ciudadanía, ya que los que accedían a vernos más de forma cotidiana eran los que más recursos económicos tenían como para poder pagar una entrada. Ahí empezó mi contradicción, ¿a quién le estoy bailando? Los mismos apellidos de siempre, a las tres mil familias que vinieron, históricamente, hace cien años, al Colón”, reflexionó Fernández para compartir sus meditaciones sobre lo que significa ser bailarín en un espacio asociado a una tradición cultural de elite, un rol que le generó “muchas dudas y mucho conflicto”.

Su mirada de la actividad lo llevó en varias ocasiones a exigir cambios en la programación, como la propuesta de “bailar obras nuevas que tengan que ver con lo que pasa” y “darles voz, desde el arte, a un montón de situaciones”, o también a cuestionar las condiciones de trabajo “extremadamente precarizadas” que se aplicaron para estrenar en el Colón producciones externas al teatro, en las que no participan los cuerpos artísticos de la sala.

Eso fue lo que ocurrió con el espectáculo “Argentum”, que se ofreció como velada de gala a los jefes de Estado extranjeros que llegaron a Buenos Aires para participar de la cumbre del G-20 de noviembre de 2018, durante la presidencia de Mauricio Macri.

“Ensayaban en Tecnópolis, en pisos que no estaban en condiciones, y bailaron y ensayaron durante dos o tres meses, hicieron una función, todo eso por 20.000 pesos a cada bailarín. Yo en ese momento lo denuncié, porque era una forma de precarización laboral”, repasó Fernández en diálogo con esta agencia, y sobre su propuesta de vincular el ballet con “la historia argentina” mencionó como un antecedente inspirador la iniciativa del Teatro Municipal de Santiago de Chile -conocido también como Ópera Nacional- que “en 2019 estrenó un ballet nuevo, ‘La casa de los espíritus’, basado en el libro de Isabel Allende”.

El bailarín, que en la danza conformó duplas con Nadia Muzyca, Ayelén Sánchez y Macarena Giménez, comentó que los momentos más felices e intensos que le aportó su carrera ocurrieron en las obras en las que su pareja de baile “terminaba muerta en escena” pero no por la muerte (ficcional) de la protagonista, aclaró entre risas, sino por “el contenido dramático muy fuerte de esos ballets”, que obligan a una preparación “que puede durar dos o tres meses para llegar a esa instancia y ese desarrollo emocional”, lo que se traduce en la “angustia” que emerge en cada presentación.

“Al concluir la obra terminás mal, angustiado, pero al día siguiente te das cuenta qué feliz te hace poder transmitir emocionalmente”, contó Fernández, para quien su tríada de obras preferidas de todos los tiempos son los clásicos “Manon”, “Margarita y Armando” y “Romeo y Julieta”, aunque para el 26 de septiembre próximo prepara un espectáculo totalmente distinto, inspirado en la música de Astor Piazzolla y que incluye un fragmento de “Carmen”, de Georges Bizet.

En este caso encabezará el elenco junto a su proyecto paralelo, la compañía Buenos Aires Ballet, fundada y dirigida por él mismo.

La incorporación de una figura del ballet estable del Colón a la campaña del FdT, ahora directamente como candidato, no sorprendió a quienes lo trataron en los últimos años, aunque para Fernández su involucramiento en la política forma parte de un proceso personal que comenzó “en el 2018, cuando todavía no existía el Frente de Todos pero sí Unidad Ciudadana, el kirchnerismo, y el que sonaba (como candidato a presidente) era Agustín Rossi”.

“A mí me gusta su perfil, entonces escribí a sus redes y después me pasaron un contacto y entré al espacio de Delfina (Rossi), en el que me siento comodísimo”, manifestó, para luego definir a la agrupación Buenos Aires 3D, a la que se sumó hace tres años, como “un espacio feminista, súper inclusivo y con gente muy joven también”.

Por último, a la hora de explicar las prioridades de la política cultural que imagina para la CABA, el bailarín -que creció en el barrio de Belgrano y que comenzó a acercarse a la danza cuando de niño bailaba por igual “Beethoven, Pedro y Pablo, Charly y Fito”- instó a “entrelazar la cultura con las economías de barrio, de teatro, de ciudades”, lo que en el ámbito de la danza implicaría fortalecer “al sector de la danza independiente, que la pasó muy mal con la pandemia”.

“La cultura es un trabajo y también una industria”, reafirmó en ese sentido, y esa es una de las consignas que repite en cada recorrida de campaña por la comuna 1, que agrupa a los barrios porteños de San Nicolás, Constitución, Retiro, San Telmo y Monserrat, donde los militantes ya se acostumbraron a compartir con el bailarín del Colón el reparto de volantes, la charla con los vecinos o la organización de ollas populares.

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